Si bien es cierto que al mencionar las lacas de uñas conectamos directamente este término con un fin puramente cosmético, estos productos presentan numerosas aplicaciones con grandes ventajas terapéuticas en el tratamiento de diferentes patologías de la lámina ungueal.
Las uñas son estructuras especializadas con funciones de protección, agarre y manipulación fina o rascado, entre otras. Pueden resultar afectadas por numerosos procesos patológicos, como los de carácter infeccioso o inflamatorio.
La uña está compuesta por células queratinizadas, onicocitos y una sustancia intercelular que actúa como cemento y está constituida por proteínas y mucopolisacáridos. Presenta una estructura trilaminar, con una capa dorsal que le proporciona rigidez y dureza; una capa intermedia, que le otorga elasticidad y flexibilidad; y una capa ventral, vinculada al lecho ungueal. La lámina ungueal consta de un 80 % de queratina dura y un 20 % de queratina blanda e incluye azufre, agua, lípidos, calcio y otros elementos minoritarios, como magnesio, hierro o zinc. Su bajo contenido acuoso y lipídico dificulta la absorción de los principios activos en excipientes convencionales no oclusivos. Por todo ello, el conocimiento de su estructura y composición resulta de interés para entender su comportamiento y para seleccionar el tratamiento más adecuado.
En este sentido, las lacas ungueales fueron incorporadas en la formulación magistral a partir del año 2000, suponiendo el vehículo más adecuado para la administración de principios activos en las uñas, a concentraciones altas y en condiciones oclusivas que favorecen la absorción de los fármacos. Son soluciones transparentes, insolubles en agua, con polímeros acrílicos solubilizados en diferentes solventes. Forman una película invisible, no irritante, elástica y permeable al aire y la humedad, la cual interacciona con la queratina de la lámina ungueal, pero sin afectarla. La absorción de los principios activos depende de factores como su permeabilidad, el grosor de la uña, su fijación a la queratina, su metabolización o su fijación al tejido.
Entre las ventajas de estas formulaciones de aplicación ungueal se encuentran la incorporación de un elevado número de principios activos en altas concentraciones, el soslayar los efectos secundarios de determinados fármacos, como los antifúngicos, una mayor adherencia terapéutica por parte del paciente o una disminución del coste económico.
Las lacas de uñas son, por tanto, formulaciones versátiles y de gran potencial terapéutico. Se emplean actualmente en el tratamiento de un amplio número de patologías de la lámina ungueal, tanto de origen infeccioso (por ejemplo, la onicomicosis), como de base inflamatoria (destacando la psoriasis, seguida del líquen plano y la traquioniquia).
Los corticoides por vía tópica, solos o combinados con queratolíticos, retinoides o análogos de la vitamina D, suponen el tratamiento de primera elección en patologías de naturaleza inflamatoria. Entre los corticoides, el más empleado es el clobetasol al 8 %.
Por otra parte, la fragilidad ungueal es una patología que afecta a un 20 % de la población y que se asocia principalmente a las uñas de las manos. En este contexto, las lacas ungueales pueden incorporar principios activos regenerantes e hidratantes.
Respecto a los ensayos de calidad, son de índole organoléptica, es decir, se debe comprobar, de forma visual, que los fármacos se encuentran completamente diluidos en la solución, cumpliendo siempre los requisitos recogidos en la Real Farmacopea Española o en alguna otra farmacopea reconocida.
En definitiva, dado que las alteraciones ungueales son patologías frecuentes, las lacas de uñas se presentan como una opción terapéutica de utilidad y con la posibilidad de admitir diferentes modificaciones que les permitan adaptarse a los requisitos de los principios activos a administrar.